viernes, 6 de enero de 2012

Déficit público y los recortes en servicios públicos

Si en la anterior entrada he cuestionado el miedo injustificado en las cuentas públicas de nuestro país, ahora trato de avanzar en las causas que pueden estar implicadas en esta “crisis de confianza”. En realidad los problemas son de otro tipo:
 
1. Por un lado, la deuda privada de familias y empresas, que en España llega ya al 294% de nuestro PIB (2010) pero que también es exagerada en países como Suecia (302% -externa de 340% y pública de 37,3%) o Bélgica (252%) por poner algunos ejemplos,  y que tiene un claro culpable en el comportamiento irresponsable y especulativo de la Banca[1] (a la que curiosamente debemos sanear entre todos). Esta tabla, obtenida del PBI[2] representa la deuda externa (pública y privada) en 2010 y pone en evidencia que el problema es principalmente la deuda privada (restar los datos de la deuda pública expuestos en la anterior entrada y obtendréis los de la privada)
 
Esta deuda privada tiene un hecho incuestionable, muchos pequeños empresarios y ciudadanos en general lo están pasando muy mal; han perdido sus negocios, su trabajo, sus casas, su calidad de vida y sus expectativas vitales han descendido al punto de una simple lucha  por la supervivencia, con deudas que no podrán nunca pagar o con las que no podrán nunca progresar. Y en estas circunstancias, los estados han de procurarles un colchón de ayuda porque vivimos en la Europa del estado del bienestar que, entre otras muchas cosas, quiere decir que, si te van mal las cosas, el estado al que pagas impuestos te va a garantizar unos mínimos. Así nos lo han asegurado y así nos lo hemos creído cuando pagamos impuestos. Pero, además, así ha ocurrido en los años de la crisis, todos los países de la UE-27 han aumentado su gasto público en estos años, la media de la UE-27 ha pasado del 45,6% del PIB (2007) al 50,9% en 2009; pero hay países en donde el incremento ha sido mayor, Noruega del 41,1 al 47,3, Finlandia del 47,2 al 55,6, Alemania del 43,6 al 48, Dinamarca del 50,8 al 58 o el Reino Unido del 44,0 al 51,5. Me gustaría saber con qué cara puede explicar el gobierno catalán al trabajador parado o al abuelo que se encuentra ahora soportando con su pensión a sus hijos, nueras, yernos y nietos que se han quedado sin nada y no han tenido más remedio que cobijarse en la casa de los abuelos, que, para resolver la crisis, han de pagar 1 € por cada receta que necesiten por su problema de salud (el que la legalidad le haya impedido adoptar esta medida, dice mucho de CIU)
2. Por otro, las presiones de los grupos internacionales de negocios que se ceban en Europa para desmantelar sus servicios públicos (estado del bienestar) como única vía para poder ampliar su mercado ya que por calidad y precios no pueden competir con los estados a la hora de proporcionar a sus ciudadanos los servicios que nos identifican como país y como región geopolítica. Una Europa políticamente inoperante, con unos dirigentes miopes que defienden sus intereses locales y que entienden la UE solo como un mercado de influencia de sus intereses mercantiles nacionales, es un magnífico caldo de cultivo para los mencionados grupos de especulación financiera. 
 
Y, si esto fuera así, cabría preguntarse por qué los mercados financieros atacan a España y no a otros países con mayor estado de bienestar fruto de su gasto público, pues la respuesta más verosímil es porque no pueden; y no pueden por que su deuda pública es mínima y encima tienen superávit presupuestario como es el caso de Suecia o Noruega. Si no tienen que financiar deuda o esta es poco importante, no tiene donde “rascar” la especulación financiera.
Pero, sea como sea, tenemos un problema y es que nuestra economía es vulnerable y se encuentra excesivamente expuesta a los intereses del mercado especulativo que, según la hipótesis que estoy defendiendo, van más allá de su característica avidez por el dinero y pretende atacar directamente a nuestro estado del bienestar cercenando los servicios públicos. Lo cierto es que, hoy por hoy, no se puede mantener nuestra administración pública sin recurrir a la financiación exterior y esta está a la merced de los mercados financieros en ausencia de un Banco Central Europeo que fuera capaz de asumirla a un coste razonable y justo. Desde este punto de vista cambia la perspectiva, España no tiene que sucumbir ante los intereses especulativos, pero sí tiene que conseguir una reducción significativa de su déficit público. 
 
La reducción del déficit, desde una óptica puramente racional puede emprenderse bajo dos posibles líneas de actuación que no han de ser antagónicas sino complementarias:
 
Por una parte, aumentando los ingresos públicos, esto es, que el estado disponga de más dinero para mantener los servicios que presta a sus ciudadanos mediante el aumento de la presión fiscal a través de los impuestos, la disminución del fraude fiscal mejorando la recaudación o añadiendo una recaudación extra por ciertos servicios que ofrece (copago)
 
Analizando la presión fiscal que se produce en la UE, es evidente que hay un amplio margen de maniobra; la española llega al 32,9% del PIB (2010) mientras que la de la EU-27 es del 39,6, la de la Zona Euro (UE-17) es del 40,2% o, por poner la de los países con un alto nivel de estado del bienestar,  el Reino Unido 37.4, Alemania 39.5, Francia 44.5, Suecia 46.3 o Dinamarca 48.5[3]. No obstante, una cosa es aumentar la presión fiscal y otra bien distinta es cómo se estratifica entre los diferentes niveles socioeconómicos de la sociedad en función de su poder adquisitivo y que no dependa tanto de la clase media (asalariados) como sucede en España[4]
 
La subida de un solo punto porcentual en el porcentaje del PIB español equivaldría a 11.176,24 millones de € (1% de nuestro PIB nominal en cifras de 2010: 1.117.624 millones de €[5]). Por extensión, si la presión fiscal española se igualara a la de la zona euro, el estado podría llegar a recaudar 74.880,808 millones de € más, cifra a todas luces capaz de responder a las peores previsiones del déficit español de 2011[6].
 
Pero una cosa es la presión fiscal de un estado y otra es el problema del fraude fiscal[7]. Durante 2011 se recaudaron 10.400 millones de € en actuaciones de inspección dirigidas a descubrir y combatir bolsas de fraude fiscal (10% más que en 2010)[8] aunque se supone que no se detecta el 88,4% del total[9].  España ocupa el tercer lugar de los países con mayor fraude fiscal de Europa (UE-15). Hay dos vertientes distintas de fraude pero que producen los mismos efectos: la economía sumergida (cuya tasa se ha cuadriplicado entre 1998 y 2008) y la evasión de impuestos a paraísos fiscales. En cuanto a la primera, el estudio de la FUNCAS la sitúa en el 24% del PIB[10] (recuerdo que el déficit público de 2011 alcanza solo el 8-8,2% del PIB). En cuanto a la segunda, se calcula que la inversión de las empresas españolas en el exterior sin apenas pagar impuestos o con opacidad contable alcanzó los 1.000 millones de € en 2009  y esto sin contabilizar la evasión de capitales personales. El 72% del fraude lo realizan las grandes empresas y las grandes fortunas y supone una cifra cercana a los 90.000 millones de € anuales[11].
 
La tercera medida recaudatoria sería el copago de servicios específicos. Esto supone una doble vía de financiación, la fiscal (a través de los impuestos generales) y la directa a través de los usuarios del servicio en cuestión. 
 
El copago o, en su versión más políticamente correcta, el ticket moderador puede reducir la pérdida de bienestar social[12] y entiendo que sólo estaría justificado si la única decisión posible sería la de perder servicios públicos en equidad y calidad o introducir un copago; pero, para que se llegara a esa situación, se tendrían que haber agotado las medidas previas de presión y fraude fiscal y, como paso a explicar a continuación, haber acabado con las bolsas de ineficiencia en la gestión pública. No obstante, como esta forma recaudatoria se expresa fundamentalmente referida a la sanidad, entraré en ella cuando analice nuestro Sistema Sanitario en sucesivas entradas.
La segunda línea de actuación para reducir el déficit público sería la de disminuir los gastos mediante la mejora de la gestión (optimización de recursos y solucionar bolsas de ineficiencia), la externalización de servicios y el recorte de servicios o prestaciones.
 
De todas las medidas que he presentado hasta ahora, la mejora de la gestión es, sin lugar a dudas, la que debería ser el punto de partida de cualquier acción de gobierno por su incuestionable valor moralmente irreprochable. Hubiera déficit o no, la buena gestión de los dineros públicos es “conditio sine qua non” para la administración en todos los niveles, tanto estatal como autonómico y local. Emplear bien los recursos públicos obliga a modernizar la organización y la legislación de la administración pública, a anteponer el bien colectivo a intereses privados y políticos de personas o empresas, a ajustar bien los presupuestos con el gasto real de los servicios y no al revés (porque si se infrapresupuesta luego hay que pagar intereses), a enfrentarse con lobbies de intereses privados o a decisiones políticas caprichosas, derrochadoras e ineficaces, a incentivar el trabajo bien hecho por los empleados públicos, a profesionalizar la gestión y a rendir regularmente cuentas públicas a los ciudadanos. 
 
Externalizar un servicio público consiste en que la administración pública delega su prestación a una organización o empresa privada. ¿Por qué el sector público difiere actividades que le son propias al sector privado? [13] Durante años, la justificación política ha sido que las organizaciones privadas son más eficaces (prestan servicios de mayor calidad) y más eficientes (resultan más económicas) que las organizaciones públicas. Esto, si bien pudiera ser cierto en algunas circunstancias, no resulta tan evidente en la mayoría. Al menos en el sector sanitario, no hay estudios independientes que avalen esta afirmación y lo que sí está ampliamente documentado es que los países con mayor sector sanitario privado, gastan mucho más ofreciendo peores prestaciones. La externalización implica en sí misma el más absoluto fracaso de la gestión pública; un gestor que la valore como necesidad organizacional, expresa su profunda incapacidad y el reconocimiento de que una organización privada con ánimo de lucro, puede gestionarlo mejor. Para que una prestación delegada produzca beneficios económicos, o se ofrece con menor calidad (actividades y/o recursos humanos), o cuesta más cara o estaba muy mal gestionada. Por lo tanto, no se debe externalizar un servicio sin un estricto control administrativo (es la gran diferencia entre externalización y privatización) ya que sin control no hay garantías de calidad y se pueden perder las supuestas ventajas económicas
 
En las últimas décadas se han externalizado servicios por razones no siempre admisibles desde la gestión, algunas han sido ideológico-religiosas (concierto de centros educativos privados) para que la clase alta gozara de una enseñanza financiada con fondos públicos pero ajustada a sus deseos de élite socioeconómica y/o religiosa; y otras político-estratégicas (cambiar inversión pública por conciertos para favorecer intereses privados) o, simplemente como vía para incorporar a la administración pública a acólitos y premiados por su actividad política o vinculación familiar.
 
Si la externalización es el fracaso de la gestión, el recorte de servicios o de prestaciones públicas es el fracaso de la política ya que cuestiona su razón de ser: mejorar la vida de los ciudadanos. Por ello, resulta especialmente preocupante que esta haya sido la primera medida emprendida por los nuevos gobiernos surgidos de las últimas elecciones autonómicas cuyos máximos exponentes han sido Cataluña[14] y Castilla-La Mancha[15]. En cuanto al nuevo gobierno surgido de la elecciones generales sus medidas[16]  (409 millones menos para sanidad) y las próximas que va a tomar[17] orientan hacia la contracción de los servicios públicos, pérdida de empleos públicos e, inexorablemente, reducción de prestaciones.
 
Educación y sanidad son la diana del recorte público y esto ha de ser analizado en profundidad. ¿Es la sanidad pública el problema o, por el contrario, forma parte de la solución?


[1] La deuda pública. ¿Qué ha estado ocurriendo en nuestras finanzas?http://www.vnavarro.org/?p=5721
[2]  Banco de Pagos Internacionales (BPI) http://www.bis.org/publ/work352.pdf

jueves, 22 de diciembre de 2011

Copago por receta en Cataluña. Comunicado FADSP

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública ante la intención, incorporada en el proyecto de presupuesto de Cataluña, de hacer pagar 1 € por receta a los usuarios del Sistema Nacional de Salud en esa Comunidad Autónoma, tiene que señalar:

1) Hay que resaltar que esta medida es injusta e insolidaria y pone trabas al acceso a la prestación farmacéutica, teniendo especial repercusión sobre las personas mas enfermas (que precisan mas medicamentos) y las que tienen menos recursos económicos.


2) Los copagos, tickets moderadores o tasas, han demostrado en la experiencia internacional que no tienen capacidad de discriminar entre la demanda inadecuada y la que no lo es (conviene recordar que lo que se grava es una prescripción decidida por un médico del sistema sanitario público en la que los ciudadanos no han tomado ninguna decisión) y que son perjudiciales para la salud.
3) Además se trata de una medida ilegal, ya que Cataluña carece de competencias sobre la política de los medicamentos y que la aportación de los usuarios no puede ser decidida por esa comunidad autónoma (Ley  General de Sanidad 1986, Ley de de Cohesión de 2003,RD sobre cartera de servicios basicos del SNS 2006). Si así se hiciera es el gobierno central el que tiene la obligación de paralizar la medida mediante el correspondiente recurso.
4) De todas formas hay que ser conscientes de que se trata de una medida pendiente de aprobación en el parlamento catalán y precisa para ello del apoyo de otros grupos políticos. Esperemos que en el tramite parlamentario quede rechazada esta propuesta, tanto por el fondo (es ineficaz, injusta e ineficiente) como por la forma ( se invaden competencias del Estado).

 Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública
21 de diciembre de 2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La privatización de la sanidad pública. ¿Qué significa?

Dentro de la política de recortes que está sufriendo nuestro sistema de protección social, uno de los más significativos es el de la sanidad pública. Debemos ser conscientes de es que esto es totalmente evitable, si aplicáramos una política económica distinta del neoliberalismo.

Nos dicen que está política económica es la única posible, y en consecuencia, que debemos aceptarla con resignación cristiana. Los que afirman esto, solo hacen política ideológica de derechas, donde la única finalidad es preservar y aumentar los beneficios de los ricos, detrayéndolos de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

¿Qué significa la privatización sanitaria?
El primer argumento utilizado, es que se gasta mucho en la sanidad pública, con un costo que nuestra economía no puede soportar. Esto es mentira como veremos posteriormente.

Debemos saber, que nuestro país es uno de los países de la Unión Europea a 15 que gasta menos por habitante en sanidad. Su coste es de 1.673 euros anuales frente a los 2.103 euros de la media europea. Sólo el 4,1 % de la población adulta trabaja en el sector sanitario de nuestro país, uno de los más bajos, pues en la UE-15 (países de desarrollo parecido al nuestro) es del 6,6%.

En los últimos diez años, el crecimiento sanitario ha sido del 2,7%, mientras que en los países de la OCDE ha sido del 4,1%. Como dice Vicenc Navarro “gran parte del crecimiento sanitario en España ha sido en el sector privado. España es uno de los países en los que la población paga más por servicios sanitarios privados, y ello es consecuencia del subdesarrollo del sector sanitario público”. La solución pasa inevitablemente no por recortar en sanidad pública, sino en invertir más. Si nos imponen Europa, reclamemos ser europeos no sólo en los recortes, sino que queremos serlo con las mismas prestaciones sociales.

El gran problema no es el gasto del Estado sino la falta de ingresos. En el año 2007, los ingresos del Estado español era del 41.1 % de su PIB y la de los países de la zona euro era del 45,5% del PIB. En el año 2011, los ingresos del Estado español baja al 34,5% de su PIB, mientras que los de la eurozona es del 44,4 % de su PIB. Este es el problema, un problema de fiscalidad, donde los ricos se niegan a pagar lo que deben en función de su riqueza económica.

¿Es la sanidad privada más barata y eficiente?
Desde hace años, escuchamos a la neoliberal Esperanza Aguirre, que hay que privatizar la sanidad pública, porque la privada es mucho más barata y eficiente. Que mejor que utilizar los datos, que aparecen en los presupuestos de la Comunidad de Madrid, presidida por ella misma, para que no se me acuse de manipulador y podamos responder a este mantra neoliberal de la Sra. Aguirre.

En el año 2010, la comunidad de Madrid tenía el presupuesto/cama/ año en sus centros públicos en 277.375 euros, frente a los 434.686 euros de sus conciertos con los hospitales de gestión privada o semiprivada. En el año 2011, el presupuesto/cama/año en los centros públicos fue de 307.187 euros, frente a los 485.970 euros de los privados o semiprivados, es decir, un 58,2% más cara la cama en el sistema privado que en el público ¿dónde está la eficiencia económica Sra. Aguirre? Por qué sistemáticamente nos miente. Estos datos están en sus presupuestos, mírelos y rectifique.

Veamos otros datos. La Comunidad de Madrid concierta camas con la multinacional sanitaria sueca Capio en sus distintos hospitales por 535.000 euros o por ejemplo paga por una cama en la Fundación Jiménez Díaz por 675.000 euros ¿Qué tiene que decir la Sra. Aguirre a estos datos extraídos de sus presupuestos? A pesar del escandalo de estos datos, en los presupuestos de 2011 se han incrementado los fondos destinados a la sanidad privada en un 30%, mientras que los recortes en la sanidad pública madrileña han supuesto un 9%.

Siguiendo el modelo de gestión semiprivada de la sanidad, la Comunidad de Madrid ha abierto siete hospitales con criterios de gestión semiprivada. Su coste de construcción estaba presupuestado en 701 millones de euros. Sin embargo, la gestión semiprivada, cuando se termine de pagarlos resultará su coste en unos 5.000 millones de euros, es decir con un encarecimiento de más de 700% ¿Es esto una gestión eficiente o un saqueo?

En Navarra, la Cámara de Comptos ha cuestionado los costes de los conciertos con la Clínica Universitaria (OPUS DEI) y otros privados, al considerarlos excesivamente altos.

El modelo neoliberal, por el que se rige Esperanza Aguirre, es el sistema sanitario norteamericano. Estados Unidos tiene un gasto sanitario el más elevado de la OCDE, llegando al 17% de su PIB, siendo el reino del negocio de las empresas privadas sanitarias. El 20% de la población norteamericana no tiene ninguna cobertura sanitaria y el resto con muy escasas coberturas, por supuesto muy lejos de las que da cualquier sistema sanitario público europeo Su sistema sanitario es pésimo, salvo en cuatro hospitales de renombre. Sus empresas sanitarias y farmacéuticas son las reinas del beneficio en Wall Street, donde lo que importa es el beneficio y nunca la persona.

El gasto sanitario español ronda entre el 9-9,5% del PIB y el del eurogrupo sobre el 12% con potentes sistemas públicos y amplias coberturas, atendiendo al cien por cien de la población, cosa que no hace el sistema norteamericano. En cualquier evaluación objetiva no tiene color entre el sistema europeo sanitario y el ínfimo norteamericano.

Si se consigue imponer el sistema privatizador de Esperanza Aguirre tenemos asegurado, que tendremos muchas menos prestaciones y las que ofrezcan mucho más caras, el negocio es el negocio. Se ha denunciado, que en el sistema privado se realizan muchísimas intervenciones quirúrgicas innecesarias con la finalidad de obtener más beneficios.

Resulta descarado que los sectores que apoyan la reducción del gasto público sanitario por insostenible, son los mismos que piden fuertes desgravaciones fiscales para sus seguros sanitarios privados.

Otro modelo a analizar es el sistema sanitario holandés de gestión por mutuas, que fue impuesto por la derecha política. La cobertura sanitaria es universal y obligatoria. El Estado fija los límites de los servicios de salud esenciales. Su gestión está en manos de aseguradoras privadas que no pueden rechazar a nadie, ya sean enfermos crónicos o ancianos. El coste a pagar por el asegurado es de unos 170 euros mensuales. Abarca esta cobertura la atención de los médicos de familia, hospitales, especialistas y obstetras.

El objetivo de la derecha política holandesa era que dejando la sanidad en manos de entidades privadas, se lograría un mejor servicio sanitario, libre de regulaciones y sin listas de esperas, es decir, aplicar las ideas neoliberales ¿Qué sucede diez años después de su implantación? La revista Salud 2000, al hablar del sistema holandés cuantifica, que hay unos 150.000 holandeses sin seguro sanitario y más de 320.000 son insolventes y no pueden pagar dicho seguro, por lo que ya son un 5% de la población que en 2011 están sin cobertura sanitaria.

El otro objetivo era conseguir una reducción del gasto sanitario. Siguiendo los datos de la Central de Estadística, Holanda destinó a sanidad el 14,8% de su PIB en el año 2009, muy por encima de la media europea y casi un 60% más que nuestro país. En los datos sanitarios de 2010 hubo un desvió de más de 1.400 millones de euros. En consecuencia, a partir de 2012, son reducidas las prestaciones de la cobertura básica. Veamos algunas consecuencias, en fisioterapia, las veinte primeras sesiones correrán a cargo del paciente. Habrá que pagar una parte mayor de las medicinas y la prima de aseguramiento sanitario sube un 30% pasando de 170 euros a 210, es decir pagar más para que te den menos. 

Este es el modelo fracasado de sanidad privada que nos quiere imponer el PP. ¿Nos podría explicar Esperanza Aguirre quienes son los miembros ejecutivos de la multinacional sanitaria sueca Capio que tantos beneficios obtiene en Madrid? Les suena los Lamela, Guemes y compañía, todos ellos consejeros de sanidad en los gobiernos de Esperanza Aguirre.

Ya podemos ver que es el modelo neoliberal sanitario, donde la calidad y eficiencia económica brilla por su ausencia, es lo que nos está imponiendo el Partido Popular. Privatización sanitaria significa un retroceso en prestaciones, donde el bienestar del hombre es sustituido por el negocio. Hay unos derechos humanos básicos, sanidad, educación, pensiones…. Que nunca deben estar bajo la óptica privada, sino que deben ser unos bienes exclusivamente públicos. Defendamos los derechos públicos.

Edmundo Fayanás Escuer
Rebelión

lunes, 19 de diciembre de 2011

En defensa de las bibliotecas públicas

Acabo de leer una circular de la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, recién gobernada por el PP, con el siguiente contenido:

"(…) para el año 2012 no habrá por parte de la Dirección General ninguna asignación presupuestaria para las adquisiciones de ningún tipo de fondos ni para las actividades culturales. Ante esto, la Biblioteca comunica a todos los ciudadanos y usuarios que:

1. Durante todo el año 2012 no podrá incorporar novedades: ni libros, ni revistas, ni periódicos, ni documentos audiovisuales, ni ningún otro material que suponga adquisición por compra. 

2. El servicio de sugerencia de compras (desideratas) queda suspendido. Sin embargo la Biblioteca se compromete a seguir recogiendo sus desideratas para valorar su incorporación a la colección, una vez se disponga de presupuesto.

3. Las suscripciones a publicaciones periódicas no se podrán renovar. Se podrá seguir disponiendo de los ejemplares atrasados y los recibidos por donación.

4. Se suspenden las actividades culturales que supongan coste económico".

Lo curioso es que, al a ir a comentar el tema a la bibliotecaria de mi localidad, me dice la bibliotecaria que ya este año 2011, con presupuestos del PSOE, no hubo dinero alguno para comprar libros ni películas. En nuestro sistema de administraciones, las principales competencias de educación y cultura corresponden a las administraciones autonómicas. Imaginemos que tipo de cultura puede augurarse a los miembros de una familia que tienen como criterio no comprar ningún libro ni ninguna otra publicación. Eso es lo que ha decidido la Comunidad de Castilla-La Mancha, y quien sabe si alguna más, con los gobiernos del PSOE y del PP. 

Mientras eso sucede, y es mi otra circunstancia preocupante, los jóvenes y los sectores progresistas filotecnológicos no dejan de reivindicar, en aras del acceso a la cultura, que se editen los libros en formato digital, que desparezca el copyright de los libros, que se puedan descargar de internet, que no se criminalicen las copias, que se permita compartir en la red, etc... Se movilizan para todo eso mientras los gobernantes deciden no comprar ni un sólo libro ni una sola película para las bibliotecas de su barrio sin que nadie haya reparado en eso, ignorando el modelo, en mi opinión, más social de la cultura que son las bibliotecas públicas, para el que no hace falta pagar cuarenta euros de conexión a internet. 

Las bibliotecas públicas son el mejor ejemplo de un cultura socializada compatible con el acceso para todos los ciudadanos, los derechos de los autores y la viabilidad de las editoriales y libreros. Muchas generaciones tienen su primer acercamiento a los libros gracias a las estanterías de la bibliotecas de sus pueblos y barrios, la ayuda de los bibliotecarios, los clubes de lectura que allí funcionan, la adquisición de libros sugeridos por los vecinos y lectores... Cualquier ciudadano que tenga interés en un libro puede proponerlo a su biblioteca, conseguir que se adquiera y así logrará no solamente leerlo sin soportar el alto coste del libro, sino permitir que quede a disposición de sus vecinos y poder mantener el sistema de creación y producción de libros. Este sistema incluso se ha extendido a las películas, que también se estaban incorporando a las bibliotecas. Tengo la sensación de que nadie repara en que este sistema era todo un ejemplo de acceso gratuito a la cultura pero que, como no formaba parte del espejismo tecnológico e internauta dominante, nadie le prestaba atención. Tanto hablar de compartir en internet virtualmente y se están olvidando de compartir físicamente. Al final no se va a desarrollar la Ley Sinde, pero sí la no ley, pero sí norma, de Sin Libros (y sin películas) en las bibliotecas. 

Pascual Serrano

sábado, 17 de diciembre de 2011

En España no sobran funcionarios sino defraudadores y los dirigentes patronales que los encubren

El presidente de la patronal española ha vuelto a insistir en que sobran funcionarios en España y que hay que poder despedirlos igual que a los trabajadores de la empresa privada (Nada nuevo, pues desde que llegó al cargo viene diciendo que en “Hay más de 150.000 funcionarios del Estado que no tienen trabajo que hacer”).

Veamos qué hay de verdad en ello.
En España el porcentaje de personas adultas que trabajaban para el sector público en 2008 era del 13% del total de la población activa, uno de los más bajos de la UE-15 (16%). En los países europeos cuyas economías son de las más competitivas y eficientes del mundo, según la OCDE, ese porcentaje era aún mayor: 26% en Dinamarca, 22% en Suecia o 19% en Finlandia.

En España, pues, no sobran sino que faltan funcionarios, al menos en comparación con nuestros países vecinos en donde las cosas funcionan mucho mejor. Y eso es el resultado, principalmente, de que nuestro Estado de bienestar está menos desarrollado porque el gasto social es aquí bastante más bajo que en la Europa de los 15 (aproximadamente el 72% de su media).

Pero eso no es lo peor de lo que no sabe o de lo que oculta el líder de la patronal.
El número de empleados públicos en España es de unos de 3,1 millones y se calcula que el coste de sus nóminas es más o menos de unos 115.000 millones de euros anuales.

El colectivo de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) estima que la evasión fiscal de las grandes fortunas, corporaciones empresariales y grandes empresas alcanzó los 42.711 millones de euros en 2010 (Actualidad Gestha: El 72% del fraude fiscal lo hacen grandes empresas). O sea, el 37% de lo que cuestan los más de tres millones de empleados públicos españoles, y casi la mital de los 92.000 millones de deficit público de ese ejercicio.

Es evidente, pues, que la patronal no propone reducir el número de funcionarios (como también recortar el gasto en educación, en salud, en pensiones o en servicios a las personas dependientes) porque aquí se gaste mucho en esos conceptos sino porque quieren que las grandes fortunas y los grandes capitales defrauden aún más y paguen todavía menos a Hacienda.

Y, por otra parte, es verdaderamente aberrante y demencial que un dirigente empresarial prefiera que haya 115.000 personas menos sin ingreso en la economía, debilitando así la demanda y los beneficios de miles de pequeños y medianos empresarios afiliados a su propia organización patronal, solo para evitar que la exigua minoría de privilegiados a quien defiende (que no la totalidad de los empresarios) contribuya como los demás al progreso social.

La conclusión es sencilla: en España no sobran funcionarios sino defraudadores que usan para encubrirse a los dirigentes de la patronal. Y dicho esto, no hay que olvidar que es imprescindible -como en cualquier otro ámbito que tenga que ver con la asignación de recursos- que la administración pública sea lo más útil y eficiente posible. Lo que sucede es que en el caso español esto, como acabamos de ver, no tiene que ver con proporcionarle menos recursos sino más (por ejemplo, España es uno de los países europeos que menos gasto público dedica a luchar contra el fraude y a obtener ingresos fiscales) y con emplearlos mejor y más al servicio de la creación de riqueza y bienestar, que es algo muy distinto a los recortes que se vienen realizando y que se quieren seguir llevando a cabo.

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC.
Attac Andalucía

jueves, 15 de diciembre de 2011

Sanidad pública, intereses mercantiles y cohesión social

Hace tiempo que la sanidad pública está en la mira del capital. No en vano el gasto sanitario constituye una importante partida económica, y por tanto fuente potencial de negocio. La prueba es que una parte del gasto sanitario llena las arcas de las empresas farmacéuticas y proveedoras de equipamiento sanitario, que suelen encontrarse entre los negocios más rentables del planeta. No en vano también allí donde la gestión sanitaria privada está más extendida, los EE.UU., el peso del negocio sanitario constituye la partida más importante del PIB, algo que tiene poco que ver con el nivel de eficiencia del modelo sanitario si se toman como referencia indicadores de esperanza de vida o de desigualdad en el acceso a la asistencia sanitaria.

Hace ya tiempo que algunas Comunidades Autónomas, especialmente Madrid y la Comunidad Valenciana, adoptaron un modelo de externalización de la gestión sanitaria cuyos efectos sobre el bienestar de la población y las condiciones de trabajo del personal merecen ser evaluados. Hace unos meses una evaluación de la calidad de los sistemas sanitarios en base a 19 indicadores sitúo a ambas comunidades en la categoría de “deficientes” (junto con Canarias y Galicia, siendo la Comunidad Valenciana la peor calificada. (El País, 2 septiembre 2010).

También en Catalunya ha existido desde siempre un sistema mixto de gestión sanitaria, en parte heredado del modelo sanitario anterior al establecimiento de la seguridad social. Un sistema sanitario donde se combinan hospitales públicos con una extensa red de centros semipúblicos, en manos de patronatos con presencia de instituciones locales, Iglesia Católica y grupos privados. CiU, en su largo mandato en la Comunidad, reforzó este modelo y le dio estructura, algo bastante parecido al doble circuito educativo. El Triparto fue incapaz de cambiarlo y aunque incrementó el gasto sanitario también llevó a cabo una reforma estatutaria del Institut Català de la Salut (el propietario de la parte pública del sistema) que apostaba por una gestión más liberal. La excusa siempre es el alto y creciente coste sanitario y la necesidad de modernizar la gestión. Un alto coste que es difícil de argumentar cuando se contrasta el gasto sanitario español con el de países de la UE (tanto en términos de PIB como de gasto per cápita), como el catalán respecto al resto de España (según el informe citado el gasto per cápita catalán solo está 4 euros por encima del gasto medio y se sitúa en la mitad de la tabla.

El nuevo gobierno de CiU, con el ínclito conseller Boi Ruiz a la cabeza, no ha dudado sin embargo en lanzar una auténtica cruzada en pos de la demolición del sector público sanitario. La política de ajuste presupuestario ha sido la excusa para ello. El cierre de camas y quirófanos hospitalarios, de urgencias en los ambulatorios (especialmente grave en zonas semirrurales donde los hospitales están distantes) han generado cabreo y sentimiento de deterioro, Tras las elecciones, CiU se siente con músculo para seguir su política privatizadora, ya visible en uno de los múltiples apartados de la “ley omnibus” donde se contempla la posibilidad que los hospitales públicos alquilen a operadores privados sus plantas cerradas y sus quirófanos, que han dejado de operar por la tarde. Un regalo al sector privado que podrá ofrecer a quien tenga dinero la alta calidad de la asistencia pública sin tener que pasar por las engorrosas (y al menos democráticas) listas de espera. Ahora se propone otra vuelta de tuerca, primero en forma de un nuevo copago por receta médica (como no se puede cambiar la realidad se crea el neolenguaje y se le llama ticket moderador) y después con la propuesta del siempre contundente Boi Ruiz a favor de crear un seguro privado obligatorio para la gente con recursos y dejar el servicio público para los pobres (aunque al paso que vamos con el paro y los recortes salariales la categoría “pobre” va camino de ser universal).

No deja de ser insólito que en Catalunya se defienda la gestión de las mutuas privadas como una muestra de eficiencia y buen hacer cuando en el pasado la Generalitat dedicó importantes recursos al salvamento de gestiones fallidas y fraudulentas (Hospital General de Catalunya, Mutua l’Aliança) y otras importantes instituciones han entrado en barrena (Agrupació Mútua) o han estado salpicadas por importantes casos de corrupción (Mutua Universal). Si de algo puede presumir el sector privado catalán es de fracasos continuados de gestión.

La propuesta, de ir adelante, significa bastante más que una mera privatización. Significa la ruptura del propio concepto de ciudadanía y de solidaridad social por cuanto se rompe el continuo entre los que pueden pagar y los que no. Si el problema es meramente financiero, y se supone que hay una parte de la población con recursos, bastaría subir los impuestos a esta parte de la población para cubrir el aumento del gasto. Propugnar un doble circuito es sin embargo optar por un modelo dual, uno “de pago” (aunque todo el mundo sabe que al final las mutuas privadas practican todo tipo de discriminaciones para reducir sus costes) y otro para pobres. Una nueva oportunidad para fomentar una cultura de la insolidaridad e incultura fiscal de las clases medias y un desprecio frente a los pobres que se salvan del seguro privado. En un país con elevados índices de evasión fiscal, con un elevado porcentaje de población inmigrante pobre, este modelo es una verdadera invitación a la iniquidad y la xenofobia. Ruiz no es solo un privatizador sino un verdadero agente promotor de la fragmentación social. Algo en lo que se muestra tozudo, pues ya antes de hacer esta propuesta atribuyó los problemas de salud a la genética y los hábitos individuales (otra forma de mentalizar a la población de que la gente enferma lo es por culpa propia, de separar buenos y malos ciudadanos, aunque entre los factores de malos hábitos nunca suelan incluir el del uso intensivo de los vehículos que generan contaminación y accidentes, ni el de las malas condiciones de trabajo).

Boi Ruiz, lo que representa, no es solo un peligro para la sanidad sino también para el mismo sentido de sociedad. No solo promueve negocio sino también división social, clasismo. No es por desgracia el único. Ahí están también los responsables de la sanidad gallega y balear desactivando ilegalmente tarjetas sanitarias a gente desamparada. Hay que pararles los pies: está en juego nuestra salud y nuestro sentido de sociedad.

Alberto Recio, Consejo Científico de ATTAC España
Mientra Tanto-e

martes, 13 de diciembre de 2011

Estados Unidos tiene la mejor sanidad del mundo (¡jua!)

Los argumentos más habituales para justificar los recortes en la sanidad pública son su poca eficiencia y su alto coste comparado con la sanidad privada. Esto es lo que ha calado en ciertos sectores de la sociedad y que no es difícil oír en boca de ciudadanos de a pie. Vamos a ver cómo estos argumentos son rotundamente falsos con unos pocos argumentos objetivos.

Acabo de encontrar esta página donde se pueden ver unos datos muy interesantes*. Por ejemplo, se puede ver el gasto en salud (en porcentaje de PIB) de todos los países del mundo

El caso de Estados Unidos es especialmente significativo. Es el paradigma de país desarrollado con un sistema de financiación privada único en el mundo. Más desarrollados que ellos en ese aspecto no hay nadie. Veamos cómo les va.

mapa-gasto-mundial-sanidad

Estados Unidos es el segundo país del mundo que más porcentaje del PIB dedica a sanidad (el primero es Malta). Es lo que dice el mapa de arriba, por eso está tan oscuro. Mientras que Estados Unidos gasta el 16% de su PIB, España gasta el 9,7%. Eso quiere decir simplemente que del dinero total del país, los ciudadanos gastan un 60% más en el cuidado de su salud. Este modelo de sanidad privada es claramente ineficiente porque no usa los mínimos recursos para conseguir sus objetivos.

Uno puede pensar que sí, que se gastan más, pero que tienen la mejor sanidad del mundo. Veamos ahora la calidad de la sanidad de Estados Unidos. La tasa de mortalidad infantil es un buen indicador del nivel de salud de un país. Según los datos de la web, Estados Unidos se codea en este ámbito con países como Hungría, Bielorrusia y Nueva Caledonia. Su tasa es de 6 muertes por cada 1000 nacimientos normales. En España la tasa está en 3,4, casi la mitad e inferior incluso a las de Finlandia, Alemania, Francia y Noruega.

La imagen que tenemos de la sanidad de Estados Unidos está extremadamente mediatizada por las informaciones puntuales que nos llegan, las películas y las series. Sólo sabemos que el famoso de turno se ha ido a operar de una enfermedad incurable a las américas (de lo que no hablan es de la factura) y vemos en la tele grandes y modernísimos hospitales y ambulancias que parecen naves espaciales. La realidad es otra para el que no es millonario (el 99%).

Hay más datos interesantes. Estados Unidos está por debajo de España en número de camas de hospital por habitante y en densidad de médicos por habitante, pero está muy por encima en la tasa de mortalidad matera (la de Estados Unidos es 4 veces más alta, un escándalo) y en obesidad en adultos (el doble). En esperanza de vida, que es una medida general de la calidad de vida de un país, España está en el puesto 12 del mundo, mientras que Estados Unidos está en el 37, siguiéndole de cerca Taiwán y Panamá.

Todo un negocio. Se gastan más para obtener menos. El negocio real no está pensado para los ciudadanos sino para las grandes empresas sanitarias privadas. Ellos saben que todos los ciudadanos necesitamos servicios de salud. Todos sin excepción. Hay gente a la que no le gustan las bebidas con gas y no las compra. Coca-Cola nunca hará negocio con ellos por muchas campañas publicitarias estupendísimas que hagan. Pero todos los ciudadanos, absolutamente todos, necesitamos ir al médico. Si pudieran privatizar un bien tan fundamental como el agua que bebemos también lo harían. ¡Ay qué tonto, que ya lo han hecho!

Ni desde el punto de vista económico ni desde el de calidad, la sanidad privada supera a la pública. Desde el punto de vista de la justicia social tampoco. Si en España vamos por la senda de la privatización, la consecuencia directa es que tendremos una sanidad de peor calidad, aumentará su gasto y podremos invertir menos en otros sectores como la educación, los servicios sociales, la investigación, las pensiones…

¿De verdad queremos ir por ahí? A la vista de este análisis, la estrategia de Mas, Cospedal, Rajoy y compañía es clarísima: hay que desviar el gasto público (que es lo que nos exigen los “mercados”, es decir, los bancos, agencias de calificación y otros) al sector privado. De esta forma el sector privado tendrá acceso a nuevo dinero, fresco y fácil (no hay que olvidar que todos necesitamos sanidad). Y señores de lo privado, les obsequiamos además con otro regalo: la sociedad gastará más dinero con vosotros de lo que gasta actualmente. Es cierto que la calidad empeorará, pero no os preocupéis, nosotros ya nos hemos encargado de convencer a la sociedad de lo contrario. Y en ello seguimos cada vez con más fuerza.

Recomiendo este vídeo de David Hall, Director de la Unidad de Investigación Internacional de los Servicios Públicos de la Universidad de Greenwich, sobre la inversión pública y su efecto en la sociedad y en la economía. Él lo explica mucho mejor que nosotros:

* Quien tenga dudas del origen de los datos de la página web en la que nos basamos, debe saber que son datos de la Central Intelligence Agency (sí, la CIA), organismo poco sospechoso de maquillarlos en contra de Estados Unidos. Hay otra fuente también poco sospechosa, el Banco Mundial, que coincide con las estadísticas analizadas en este artículo.

Andrés González 
ATTAC Acordem