Ben Goldacre es un médico y
psiquiatra que escribe regularmente en The
Guardian. En Sin Permiso hemos
publicado algunos artículos y entrevistas de este autor, así como una reseña de su libro Mala ciencia. Se decía en esta
reseña que “El autor de Mala ciencia ha
tenido que escuchar de boca de muchos impostores que ’está al servicio de la
medicina oficial’ y de las ‘multinacionales farmacéuticas’. Era de esperar,
claro. Pero en ese caso las acusaciones están tan mal dirigidas y mal
fundamentadas que son simples calumnias. Goldacre da muchas conferencias a
estudiantes y profesionales de la medicina. Precisamente, uno de sus títulos
preferidos es ‘Las pamplinas de las farmacéuticas’.” Reproducimos a
continuación el artículo que el periodista científico Antonio Martínez escribió
en el que se resumía la posición de Goldacre acerca de las empresas
farmacéuticas. Redaccion de SP.
1. El 90% de los ensayos clínicos
publicados son patrocinados por la industria farmacéutica. Este es el principal motivo por el
que todo el sistema de ensayos clínicos está alterado, según Goldacre, y por el
que se producen el resto de problemas.
2. Los resultados negativos se
ocultan sistemáticamente a la sociedad. "Estamos viendo los resultados positivos y
perdiéndonos los negativos", escribe Goldacre. "Deberíamos comenzar
un registro de todos los ensayos clínicos, pedir a la gente que registre su
estudio antes de comenzar e insistir en que publiquen sus resultados al
final". En muchos casos, denuncia el autor de "Mala Farma", las
farmacéuticas se reservan el derecho de interrumpir un ensayo y si ven que no
da el resultado esperado, lo detienen. Asimismo, obligan a los científicos que
participan en estos estudios a mantener en secreto los resultados. Y esta
práctica tiene de vez en cuando consecuencias dramáticas.
En los años 90, por ejemplo, se
realizó un ensayo con una sustancia creada contra las arritmias cardíacas
llamada Lorcainida. Se selección a 100 pacientes y la mitad de ellos tomó un
placebo. Entre quienes tomaron la sustancia hubo hasta 9 muertes (frente a 1
del otro grupo), pero los resultados nunca se publicaron porque la farmacéutica
detuvo el proceso. Una década después, otra compañía tuvo la misma idea pero
esta vez puso la Lorcainida en circulación. Según Goldacre, hasta 100.000
personas murieron innecesariamente antes de que alguien se diera cuenta de los
efectos. Los investigadores que habían hecho el primero ensayo pidieron perdón
a la comunidad científica por no haber sacado a la luz los resultados.
"Solo la mitad de los ensayos
son publicados", escribe Goldacre, "y los que tienen resultados
negativos tienen dos veces más posibilidades de perderse que los positivos.
Esto significa que las pruebas en las que basamos nuestras decisiones en
Medicina están sistemáticamente sesgadas para destacar los beneficios que un
tratamiento proporciona".
3. Las farmacéuticas manipulan o
maquillan los resultados de los ensayos. En muchas ocasiones los propios ensayos están mal
diseñados: se toma una muestra demasiado pequeña, por ejemplo, se alteran los
resultados o se comparan con productos que no son beneficiosos para la salud.
Goldacre enumera multitud de pequeñas trampas que se realizan de forma
cotidiana para poner un medicamento en el mercado, como elegir los efectos de
la sustancia en un subgrupo cuando no se han obtenido los resultados esperados
en el grupo que se buscaba al comienzo.
4. Los resultados no son replicables. Lo más preocupante para Goldacre es
que en muchas ocasiones, no se puede replicar el resultado de los estudios que
se publican. "En el año 2012", escribe Goldacre, "un grupo de
investigadores informó en la revista Nature de su intento de replicar 53
estudios para el tratamiento temprano del cáncer: 47 de los 53 no pudieron ser
replicados".
5. Los comités de ética y los
reguladores nos han fallado. Según Goldacre, las autoridades europeas y estadounidenses
han tomado medidas ante las constantes denuncias, pero la inoperancia ha
convertido estas medidas en falsas soluciones. Los reguladores se niegan a dar
información a la sociedad con la excusa de que la gente fuera de la agencia
podría hacer un mal uso o malinterpretar los datos. La inoperancia lleva a
situaciones como la que ocurrió con el Rosiglitazone. Hacia el año 2011 la OMS
y la empresa GSK tuvieron noticia de la posible relación de este medicamento y
algunos problemas cardíacos, pero no lo hicieron público. En 2007 un cardiólogo
descubrió que incrementaba el riesgo de problemas cardiacos un 43% y no se sacó
del mercado hasta el 2010.
6. Se prescriben a niños
medicamentos que solo tienen autorización para adultos. Este fue el caso del antidepresivoParoxetine. La compañía GSK, según Goldacre, supo de sus efectos adversos
en menores y permitió que se siguiera recetando al no incluir ninguna
advertencia. La empresa supo del aumento del número de suicidios entre los
menores que la tomaban y no se hizo un aviso a la comunidad médica hasta el año
2003.
7. Se realizan ensayos clínicos con
los grupos más desfavorecidos. A menudo se ha descubierto a las farmacéuticas usando a
vagabundos o inmigrantes ilegales para sus ensayos. Estamos creando una
sociedad, escribe, donde los medicamentos solo se ensayan en los pobres. En
EEUU, por ejemplo, los latinos se ofrecen como voluntarios hasta siete veces
más para obtener cobertura médica y buena parte de los ensayos clínicos se
están desplazando a países como China o India donde sale más barato. Un ensayo
en EEUU cuesta 30.000 dólares por paciente, explica Goldacre, y en Rumanía sale
por 3.000.
8. Se producen conflictos de
intereses: Muchos
de los representantes de los pacientes pertenecen a organizaciones financiadas
generosamente por las farmacéuticas. Algunos de los directivos de las agencias
reguladoras terminan trabajando para las grandes farmacéuticas en una relación
bastante oscura.
9. La industria distorsiona las
creencias de los médicos y sustituyen las pruebas por marketing. Las farmacéuticas, denuncia
Goldacre, se gastan cada año miles de millones para cambiar las decisiones que
toman los médicos a la hora de recetar un tratamiento. De hecho, las empresas
gastan el doble en marketing y publicidad que en investigación y desarrollo,
una distorsión que pagamos en el precio de las medicinas. Las tácticas van
desde la conocida influencia de los visitadores médicos (con las invitaciones a
viajes, congresos y lujosos hoteles) a técnicas más sibilinas como la
publicación de ensayos clínicos cuyo único objetivo es dar a conocer el
producto entre muchos médicos que participan en el proceso. Muchas de las
asociaciones de pacientes que negocian en las instituciones para pedir
regulaciones reciben generosas subvenciones de determinadas empresas
farmacéuticas.
10. Los criterios para aprobar
medicamentos son un coladero. Los reguladores deberían requerir que un medicamento sea
mejor que el mejor tratamiento disponible, pero lo que sucede, según Goldacre,
es que la mayoría de las veces basta con que la empresa pruebe que es mejor que
ningún tratamiento en absoluto. Un estudio de 2007 demostró que solo la mitad
de los medicamentos aprobados entre 1999 y 2005 fueron comparados con otros
medicamentos existentes. El mercado está inundado de medicamentos que no
procuran ningún beneficio, según el autor de “Mala Farma”, o de versiones del
mismo medicamento por otra compañía (las medicinas "Yo también) o
versiones del mismo laboratorio cuando prescribe la patente (las medicinas
"Yo otra vez"). En esta última categoría destaca el caso del
protector estomacal Omeprazol, de AstraZeneca, que sacó al mercado un producto
con efectos similares, Esomoprazol, pero diez veces más caro.
Antonio Martínez Ron es un periodista de divulgación
científica que ha trabajado en distintos medios.
Sin Permiso
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